La Catedral de Loiba

Hace miles de millones de años, cuando el mar y la tierra se encontraron por primera vez, los dioses del cielo, del océano y de la tierra se reunían cada anochecer para modelar el paisaje del Ortegal, dando forma a un mundo donde sus dominios coexistían en perfecta armonía.

Tras siglos de esfuerzo, los dioses del cielo y de la tierra contemplaron satisfechos su obra y decidieron que habían terminado. Pero los dioses del mar no compartían esa opinión. Para ellos, algo esencial aún faltaba. Mientras sus compañeros regresaban a sus dominios para continuar con otros quehaceres, los dioses del océano siguieron regresando cada atardecer, movidos por una inquietud que no los dejaba descansar.

Fue entonces cuando, en su incansable exploración, descubrieron una roca solitaria que se alzaba desafiante frente a las aguas, como si aguardara a ser transformada. Aquella roca era distinta: robusta, resistente, digna de convertirse en el último gran homenaje al encuentro entre el cielo, la tierra y el mar.

Durante meses, años y siglos, las olas golpearon incansables aquella roca, mientras los dioses del mar, pacientes y persistentes, moldeaban cada curva con su infinita maestría. Poco a poco, la roca comenzó a ceder, dejando que el agua y el viento la tallaran. Finalmente, una noche de tormenta, dos arcos perfectos se abrieron en su centro, completándose así la creación de una catedral en la que el mar bendice sus rituales más sagrados.

Cuando los primeros orteganos descubrieron aquella maravilla, no pudieron contener su asombro. Admiraron la perfección del arco y la fuerza que emanaba de la roca, y comenzaron a llamarla "Pena Furada, la Catedral de Loiba". Para ellos, aquel lugar era mucho más que una formación natural: era un santuario esculpido por los dioses del mar, un espacio donde las fuerzas del océano habían dejado su huella eterna.

Así, "La Catedral de Loiba" se convirtió en una obra maestra, un legado de los dioses del océano que guarda sus misterios y permanece como testigo del eterno abrazo entre el mar y la tierra.

 
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